VENEZUELA, EL PETRÓLEO Y EL DÍA DESPUÉS

Skandia México / 20 febrero , 2026

La reciente captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos marcó un hito geopolítico con efectos inmediatos y potencialmente duraderos sobre la industria petrolera venezolana y los mercados energéticos globales.

Si bien, la acción militar estadounidense ha generado una ola de incertidumbre en los mercados, la respuesta inicial de los precios del oro crudo y de los instrumentos financieros vinculados al petróleo muestra una mezcla de volatilidad, expectativas de cambio y moderación, dados los fundamentos actuales del sector.

Desde el anuncio de la captura, los precios del petróleo registraron fluctuaciones y ligeros descensos en los indicadores clave, por ejemplo, durante la primera sesión tras la noticia:
• El crudo West Texas Intermediate (WTI) y Brent oscilaron dentro de rangos estrechos, con variaciones que reflejaron más la incertidumbre política que movimientos de oferta y demanda reales.
• Otras fuentes reportaron caídas en torno al 1% en los precios, con Brent y WTI retrocediendo como respuesta a las dudas de los operadores sobre cómo se reorganizará la producción y las exportaciones venezolanas en un entorno de transición política.
• En algunos casos se observaron incrementos leves en el precio, impulsados por un rebote técnico de mercado tras la reducción de tensión inicial, lo que evidencia el nerviosismo y la falta de una dirección clara en los precios.

Sin embargo, analistas internacionales remarcan que la reacción contenida del mercado petrolero refleja el menor peso actual de Venezuela en la oferta global de crudo. Aunque el país posee las mayores reservas probadas del mundo, su producción efectiva ha estado en declive por años y hoy representa menos del 1% de la oferta global. Esto limita la capacidad de cualquier cambio político para alterar de manera decisiva los precios internacionales en el corto plazo.

Los mercados financieros, por su parte, han mostrado movimientos mixtos. Acciones de compañías petroleras expositoras a Venezuela, en particular la estadounidense Chevron (la única de las grandes firmas que mantiene operaciones en el país bajo licencia), han tenido subidas moderadas, dado que los inversores anticipan una posible apertura de negocios y recuperación de activos.

Al mismo tiempo, los bonos soberanos venezolanos y los de la estatal PDVSA han mostrado signos de revalorización en algunos segmentos tras la noticia, aunque este efecto es limitado por el riesgo extremadamente elevado y la falta de acceso a mercados internacionales de capital.

En cuanto a la cotización específica del petróleo venezolano, dado que no existe un índice de precio independiente y globalmente líquido para el crudo venezolano, el impacto se ve reflejado a través de los precios de referencia como Brent y WTI. Aun así, los análisis de mercado señalan que el petróleo venezolano, conocido por ser pesado y con alto contenido de azufre, tradicionalmente cotiza con descuento respecto a las mezclas ligeras.

Aun antes de la captura de Maduro, expertos estimaban que la producción venezolana podría agregar presión a la oferta si se eliminan barreras de exportación, contribuyendo a un modesto descenso en los precios. Así, los principales clientes tradicionales del petróleo venezolano han evolucionado significativamente debido a sanciones internacionales y cambios en la política energética global.

En el pasado, Estados Unidos fue uno de los mercados más importantes para el crudo venezolano, aunque las sanciones impuestas desde 2017 limitaron esta relación, sin embargo, tras la relajación parcial de sanciones bajo administraciones previas, algunas ventas volvieron a fluir, aunque con altibajos.

Hoy buena parte de los exportadores venezolanos se han orientado hacia Asia, con China como uno de los destinos más importantes, seguido por la India y otras refinerías independientes que procesan crudo pesado venezolano. Justo después de la captura de Maduro, India’s Reliance Industries anunció que consideraría la compra de crudo venezolano, reflejando el interés continuo de refinadores asiáticos en esta materia prima si se clarifican las condiciones regulatorias. No obstante, la reorientación de flujos hacia mercados alternativos ha sido compleja, afectada por sanciones, aranceles y el riesgo reputacional para compradores internacionales.

¿Y antes cuál era el panorama?
Antes de la captura de Nicolás Maduro, los precios internacionales del petróleo ya mostraban una tendencia de moderación, con el crudo Brent promediando entre $65 y $69 dólares por barril y el WTI entre $60 y $65 dólares durante buena parte de 2025, reflejando un mercado con exceso de oferta y una demanda global estable, pero sin fuerte crecimiento.

Tras su captura a inicios de 2026, lejos de registrarse un repunte significativo, los mercados reaccionaron con cautela y los precios ajustaron a la baja, ubicándose el Brent en un rango aproximado de $58 a $60 dólares por barril y el WTI entre $55 y $57 dólares, según proyecciones de analistas e instituciones energéticas.

Este comportamiento sugiere que el impacto político de Venezuela sobre el mercado petrolero internacional es limitado, debido al reducido peso actual del país en la oferta global, y que la evolución de los precios para 2026 estará determinada principalmente por factores estructurales como el exceso de producción, el nivel de inventarios y la desaceleración del crecimiento de la demanda, más que por la situación interna venezolana.

La reacción de estos clientes principales ha sido prudente. Por un lado, algunos empresarios asiáticos han expresado su intención de seguir accediendo al crudo venezolano si se normalizan las relaciones comerciales. Por otro lado, compradores más expuestos a políticas estadounidenses han mostrado reticencia debido a posibles sanciones secundarias o a la falta de claridad sobre el control político y legal del petróleo tras la captura. Esto ha generado un ambiente de esperar y ver, en el que muchas decisiones de compra están sujetas a la evolución de las sanciones y los acuerdos diplomáticos.

Hasta el momento, el control efectivo del petróleo venezolano continúa en manos de la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), que sigue siendo el principal operador y dueño de la infraestructura petrolera del país. La cual gestiona la producción y exportación de crudo, a menudo en asociación con empresas extranjeras como Chevron, que opera mediante acuerdos de producción conjunta o inversión dirigida a mantener la operatividad de ciertos campos.

Aunque escenarios políticos recientes pueden llevar a cambios en la supervisión o a una mayor presencia de intereses extranjeros, la titularidad formal de las reservas y la producción sigue siendo de PDVSA, incluso si factores externos pueden influir en el manejo del crudo.

El petróleo ha sido históricamente el motor de la economía venezolana. Según estimaciones del Banco Mundial y organismos internacionales, el sector petrolero representa alrededor de un tercio del Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela y más del 80% de sus ingresos por exportaciones.

Esta alta dependencia estructural explica por qué cambios en la dinámica petrolera tienen implicaciones enormes para la economía interna, pues desde ingresos fiscales, gasto público y balanza comercial hasta variables sociales, como empleo y bienestar. Una caída en los ingresos petroleros ha sido uno de los factores clave detrás de la prolongada crisis económica, la hiperinflación y el colapso de servicios básicos en el país.

Mirando al futuro del petróleo venezolano, las perspectivas son complejas y dependen de múltiples variables. Si se consolida un cambio de régimen con apoyo internacional que permita el levantamiento de sanciones, atraer inversión extranjera y modernizar la infraestructura petrolera, hay potencial para un incremento gradual de la producción. No obstante, expertos coinciden en que recuperar los niveles de producción previos a la crisis (superiores a 3 millones de barriles por día) requeriría décadas e inversiones masivas en la industria, dada la depreciación de instalaciones y pérdida de capital humano.

En un contexto global donde la transición energética busca reducir la dependencia de los combustibles fósiles, Venezuela enfrenta el desafío de equilibrar sus enormes reservas con un mercado mundial que cambia rápidamente.

Si logra estabilizar internamente su sector petrolero, podría beneficiarse de su abundancia de recursos, pero también deberá competir con productores más eficientes y con menores riesgos geopolíticos. Esto sugiere que, en el mediano plazo, Venezuela podría aumentar su relevancia como fuente de crudo, pero el impacto significativo en la economía global y en los precios del petróleo dependerá tanto de condiciones internas como de la evolución de la demanda energética internacional.

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