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En el contexto de la gestión responsable de las finanzas públicas, el Gobierno Federal de México ha optado, en repetidas ocasiones, por ejecutar operaciones de recompra de deuda. Esta estrategia, empleada en distintos momentos de 2025, tiene como objetivo central mejorar el perfil de vencimientos de los pasivos gubernamentales y reducir el costo financiero en el corto plazo.
Cuál es el contexto… La recompra de deuda es una operación financiera en la que un emisor de deuda (en este caso, el Gobierno Federal) decide adquirir anticipadamente instrumentos de deuda previamente colocados en el mercado. Se trata de pagar por adelantado ciertos compromisos financieros con el fin de optimizar las condiciones generales del endeudamiento.
Esta medida no implica un nuevo endeudamiento, sino un intercambio que puede resultar en beneficios significativos en términos de plazo y tasa de interés. En México, los instrumentos de deuda más comúnmente involucrados en estas operaciones son los Cetes, Bonos M, Bondes F y Udibonos, todos ellos colocados en el mercado nacional a diferentes plazos y condiciones.
¿Cómo se lleva a cabo?
Las recompras de deuda son organizadas por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) mediante subastas en el mercado local. En estas operaciones, el gobierno ofrece adquirir ciertos títulos con vencimientos cercanos y, simultáneamente, emite nuevos instrumentos con plazos más largos.
Este canje de instrumentos financieros tiene el doble beneficio de despejar el calendario de pagos a corto plazo y, al mismo tiempo, asegurar condiciones más estables y sostenibles a futuro.
Durante estas subastas, Hacienda no solo considera las condiciones de mercado, sino también la estructura general del portafolio de deuda pública, priorizando aquellas recompras que generen el mayor beneficio en términos de sostenibilidad fiscal.
La recompra más reciente, realizada en mayo de 2025, implicó un total de $154,000.00 millones de pesos. De ese monto:
Esta operación se acompañó por la emisión de nuevos títulos con vencimientos extendidos, algunos de ellos hasta el año 2054 con tasas fijas.
El impacto positivo de esta operación se refleja en una reducción del costo financiero en $840.00 millones de pesos para el año fiscal 2025 y una extensión del plazo promedio de la deuda refinanciada de 5.18 años, lo que implica mayor estabilidad en el tiempo y menor vulnerabilidad ante cambios en tasas de interés o condiciones macroeconómicas adversas.
Hablando de otras operaciones realizadas este año, la recompra de deuda que se realizó en mayo fue la cuarta en lo que va de 2025. Las anteriores se llevaron a cabo en enero, febrero y marzo del mismo año:
En conjunto, estas operaciones han permitido refinanciar cerca de $367,000.00 millones de pesos entre enero y marzo, sin aumentar el saldo neto de la deuda, ya que se trata de una sustitución de pasivos en condiciones más favorables.
¿Para qué lo hace el gobierno?
Estas operaciones responden a una política de manejo prudente y estratégico de la deuda pública. Su propósito es reducir riesgos financieros, mejorar el perfil de vencimientos y asegurar que los pagos futuros sean sostenibles. A diferencia de una emisión nueva de deuda para financiar gasto corriente, la recompra forma parte de un proceso de refinanciamiento, que no incrementa el endeudamiento neto del país.
Además, al alargar los plazos y reducir los costos se libera espacio fiscal en el corto plazo, lo cual permite mayor flexibilidad para atender otras prioridades del presupuesto. Este tipo de maniobras también generan confianza en los mercados financieros y en los inversionistas, ya que demuestra que el país tiene capacidad de respuesta ante escenarios de volatilidad económica.
Estas acciones están alineadas con el marco macroeconómico y los techos de endeudamiento autorizados por el Congreso para el ejercicio fiscal 2025. Y por otro lado, también reflejan el compromiso del gobierno con una política fiscal responsable que garantice estabilidad y crecimiento sostenido.
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