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El plazo se elige de acuerdo a la meta y capacidad de ahorro, así como a la relación riesgo-rendimiento de los instrumentos seleccionados. Como plazo corto se consideran las inversiones realizadas a un año o menos; mediano plazo, a uno y hasta cinco años; y largo plazo, más de cinco años.
Las de largo plazo tienen una relación riesgo-rendimiento más elevada por lo que cabría esperar que generen, también, una rentabilidad más atractiva. Y es que en un periodo de cinco años o más pueden presentarse innumerables acontecimientos que incidan en la rentabilidad de las inversiones, positiva o negativamente, que en un corto plazo; por ejemplo, periodos de alta volatilidad en los mercados financieros, incremento vertiginoso de las tasas de interés, depreciación de las monedas, la adopción de nuevas políticas públicas, etcétera.
Instrumentos de inversión de largo plazo son, entre otros, las acciones, los títulos de deuda gubernamental y corporativa a plazos mayores de cinco años, fondos de inversión, divisas, y los ETFs (fondos de inversión que cotizan en la Bolsa de Valores).
Qué sí y qué no debes hacer con tus inversiones de largo plazo para obtener los mejores beneficios financieros:
Qué no
Lo que sí
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